A pasos lentos,
midiendo goce de miradas
los dedos temblantes
se atreven
a caer en bocas que buscan.
Cada vértice se contrae,
mientras los ojos
intuyen la emboscada que acecha.
No hubo duda
de comerse con lengua y saliva
acentuando rumores
en raíz y el tacto
de hundirse en caderas
entrando lento como entra
la noche en el crepúsculo,
leve rozar paredes
anegadas de humedad
brillantes de luz.
Giran,
se envuelven,
retorcidos, borrachos, poseídos
reconocidos uno en el otro
en poros diminutos,
fluidos vuelto océanos,
gemidos que asombran
sutiles tormentas
en agonizantes pupilas.
Y se mueren lentamente
en nombre murmullo/grito
cuando retrasan la cima
detrás de mascaras
y se atraviesan el alma.